ECOLOGISTAS EN ACCIÓN CANTABRIA SOLICITA QUE SE AGILICEN LOS PROTOCOLOS DE LIBERACIÓN DEL OSEZNO


11 de Febrero de 2018 - 13:39
Esto es un artículo de opinión
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 El pasado 8 de enero esta asociación presentó denuncia, ante la Fiscalía de Medio Ambiente de Cantabria, en relación con un presunto disparo recibido por un osezno de un año, durante una cacería de jabalí, en la zona de Peña Sagra, el pasado mes de noviembre. En esta denuncia Ecologistas en Acción pone de manifiesto la gravedad de los hechos acaecidos, y solicita su investigación y la depuración de responsabilidades; máxime cuando este oso debería haber estado en compañía de su madre, de la que nada se sabe.

El Oso Pardo Cantábrico es una especie protegida, considerada como EN PELIGRO DE EXTINCIÓN. Por este motivo, cualquier daño provocado a un oso durante una cacería podrá considerarse como un delito de caza, de acuerdo con el Código Penal. Y si, como apuntan los indicios, los hechos se hubieran cometido por imprudencia grave, podría conllevar pena de prisión o multa y, en todo caso, inhabilitación para el ejercicio del derecho de cazar, además del posible agravante por ocultación de pruebas.

Así mismo, cualquier actuación sobre este ejemplar debe hacerse atendiendo a los más estrictos protocolos que aseguren su conservación y supervivencia, incluyendo un manejo escrupuloso y su posterior devolución a la naturaleza, procurando interferir mínimamente en sus relaciones con el medio del que procede, y al que conviene sea trasladado lo antes posible. La dilatación de su estancia lejos de su lugar de nacimiento, y cualquier humanización de este animal, como el de atribuirle un nombre, no contribuye en absoluto a todo este proceso de recuperación y puede crear confusión en la opinión pública entre animales salvajes y mascotas.

Esta asociación considera acertada la decisión que se adoptó de capturar al osezno, estrictamente con el fin de evaluar la gravedad de su lesión, y determinar científicamente la causa de la herida. Sin embargo, el retraso en la toma de esta decisión (dos meses), ralentizó considerablemente todo el procedimiento, ya que fue a finales de enero, cuando finalmente este osezno fue capturado por especialistas del Ministerio de Medio Ambiente y trasladado al Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de Villaescusa, donde ha sido sometido a diferentes pruebas en las últimas semanas.

Durante este tiempo, en el que ha sido atendido en estas instalaciones, no se ha hecho público ningún informe veterinario, ni forense, que permita conocer su estado, ni si es ya posible, o conveniente, una intervención quirúrgica, ni las causas que provocaron la herida. Tampoco se ha tenido conocimiento de los tratamientos, ni de los protocolos de manejo que se han seguido para evitar su impronta por contacto con sus cuidadores.

Esta asociación considera que la Administración tiene la obligación de proceder a realizar y hacer públicos los correspondientes informes, que faciliten el esclarecimiento de las causas que provocaron la herida del cachorro, así como los argumentos técnicos que han determinado la toma de decisiones. De la misma manera cree, que se deben adoptar cuanto antes todas las medidas necesarias para que en el futuro no se vuelvan a producir este tipo de agresiones contra la fauna silvestre. Recuerdan que, en la misma semana de noviembre 2017, otro oso fue abatido en una acción de caza en el Parque Natural de Fuentes Carrionas, Palencia.

Opina que estos hechos tienen relación directa con una gestión nefasta y un control deficiente de la caza en nuestra comunidad autónoma, y que esta actividad aún está muy lejos de poder ser considerada sostenible. Sorprendentemente, en los últimos tiempos esta asociación viene recibiendo numerosas informaciones confidenciales sobre animales muertos ilegalmente y ocultados en cacerías de jabalí y se lamenta de que esta actividad no esté suficientemente regulada, de manera que puedan producirse este tipo de actos de furtivismo, camuflados en el ámbito de actividades cinegéticas legales.

Como dato, apunta a que la mayoría de las cacerías de jabalí en Cantabria están controladas por un único guarda. Estos funcionarios realizan jornadas laborales larguísimas, a veces hasta de 12 horas, realizando esta actividad de control inabarcable, y cree que con estos medios humanos es imposible el control efectivo y real de estas batidas masivas en las que participan entre 30 y 60 cazadores, además de 15-30 perros.            

         Por último, quiere incidir en la importancia de poner en libertad lo antes posible al osezno, en la misma zona donde se capturó, con el fin de facilitar su integración de nuevo en su hábitat. Considera que ya ha transcurrido un tiempo más que razonable para realizarle las pruebas necesarias y aplicar los tratamientos adecuados, por tanto, urge a liberarlo, y evitar así el contacto con los humanos, más allá de lo estrictamente necesario. Seguir prolongando su estancia en el Centro de Recuperación de Fauna aumentará la dificultad de conseguir su posterior reintegración en la naturaleza, con un mínimo de garantías de éxito.

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