
El pasado martes, día siete, me presenté en el cuartel de la Guardia Civil de Laredo para realizar una denuncia.
No era la primera vez en mi vida que pasaba por trance similar, ya que en varias ocasiones había vivido aquella misma situación de poner una denuncia, bien ante el Juzgado correspondiente o ante la Guardia Civil.
Por tanto, para mi no era una situación nueva, y sabía perfectamente lo que implica y conlleva "poner una denuncia", debido también a los años que trabajé como funcionario de la administración de justicia en el Juzgado núm. 2 de Santiago de Compostela, después de aprobar la oposición correspondiente.
Todo aquel que ha puesto una denuncia alguna vez en su vida sabe que de forma previa a interponer la denuncia, se le informa que DENUNCIAR HECHOS FALSOS E INCIERTOS puede constituir, por un lado, un delito de denuncia falsa, que se castiga con pena de hasta dos años y, por otro, conllevar acarreada la posibilidad de que la persona denunciada, te interponga una demanda civil de protección al honor"
Normalmente, cuando alguien denuncia algo o a alguien, es porque previamente ha sufrido tal grado de INDIGNACIÓN que se ve abocado a interponer la correspondiente denuncia.
A lo largo de mi vida, cuando debido a mis convicciones más profundas, he vivido o padecido situaciones injustas o ilegales, en no pocas ocasiones he acudido a denunciarlas.
Por tanto, la denuncia presentada el pasado siete en la Guardia Civil de Laredo, no era la primera vez que pasaba por ese "trance".
Soy consciente que en España vivimos en un estado de DERECHO y yo creo en la JUSTICIA que imparten nuestros jueces y tribunales, los que a pesar de que no son infalibles, en la mayoría de las ocasiones imparten JUSTICIA.
Por poner sólo algunas referencias a las denuncias que he realizado a lo largo de mi vida, paso a referirme y describir brevemente alguna de ellas, no todas.
Por ejemplo, denuncié ante ante el Consejo General del Poder judicial a dos jueces o magistrados.
En primer lugar y por rango más elevado, al Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria, por una "irregular" tramitación referida a una comisión rogatoria que yo había solicitado al Gobierno de los EEUU y que había seguido un cauce más que " tortuoso".
En segundo lugar, a una jueza o magistrada que ejercía en los Juzgados de Laredo, por considerar que no me había dado un trato correcto, cuando en una ocasión acudí a un juicio a declarar como testigo.
En ambos casos aporté los debidos argumentos y pruebas que avalaban los motivos de la denuncia.
En otra ocasión acudí a los tribunales para demandar al Banco Santander por haberme vendido dólares falsos; después de casi ocho años, la justicia me dio la razón y esa entidad tuvo que indemnizar los daños que ello me había ocasionado.
En tres ocasiones diferente denuncié a tres concejales de mi partido, ante el Comité regional y nacional de Derechos y Garantías, por presuntas actuaciones irregulares.
Otra ocasión denuncié a la Presidenta del Comité de Derechos y Garantías del P.P. de Cantabria, Doña Isabel Urrutia, al considerar que sus manifestaciones, colisionaban e iban contra con lo que establece el propio reglamento del P.P.
No ha transcurrido un año desde que denuncié ante la fiscalía a un concejal de Laredo por un posible delito de corrupción, del que todavía desconozco si se ha producido su archivo o se está investigando.
No quiero extenderme a otras denuncias que he presentado a lo largo de mi vida, por temor a extenderme demasiado; pero todo el mundo debiéramos saber que DENUNCIAR es a la vez un sano ejercicio en derecho, un deber que todos los ciudadanos deben ejercitar cuando se produce las circunstancias que nos empujar a ejercitarlo.
La última denuncia que he interpuesto, como dije al principio de este artículo, la he realizado hace un par de días por "la presunta suplantación de personalidad de una persona a la que tengo mucho cariño y de la que hoy tengo casi la evidencia de que unos canallas han utilizado abusando de su debilidad y posiblemente de su leve minusvalía.
No es la primera vez que ayudo a mi amigo M.L. y tampoco espero que sea la última.
Hace unos meses, me le encontré en la calle y vi que tenía un brazo escayolado.
- Le pregunté: "M...lín", ¿Que te ha pasado?
- Me respondió que "se había caído y se había roto el brazo".
Le dije que dónde se había caído y me dijo que en un parque cerca del puntal.
Le pregunté si el suelo estaba en buenas condiciones o había alguna baldosa rota; me dijo que había una baldosa rota.
Cogí mi coche y fui con "M...lín" a comprobar que efectivamente la baldosa estaba rota. Una vez allí, constaté que una de las baldosas del parque que estaba rota y levantada, habían provocado la caída y lesión de mi amigo "M..lin".
De forma inmediata acudí a un notario de Laredo para que levantara acta de la fecha y el lugar, así como del estado del pavimento; reflejándolo gráficamente mediante una fotografía.
Acudí también a un abogado, amigo mío, E.F.O. a quien le expliqué la situación y se brindó desinteresadamente a echar una mano a "M...lin" realizando un escrito dirigido al Ayuntamiento.
Yo, por mi parte, para adjuntar a dicho escrito el informe del hospital de Laredo, en concreto del servicio de urgencias, acudí, con mi amigo "M...lin" a dicho centro a pedir un certificado del servicio de urgencias y el correspondiente parte. Lo que adjuntamos al escrito que "M...lin" presentó en el ayuntamiento.
Con posterioridad, se solicitó un abogado de oficio para que defendiera los intereses de "M...lín" y le llevé en mi coche a Santander para entrevistarnos con la letrada que le había correspondido de oficio.
Por tanto, no era la primera vez que me preocupaba por mi amigo "M...lin"
En este caso, la denuncia ante la guardia civil, la puse en el momento que me enteré de que desde Santander alguien me alertó informándome que habían pagado casi quinientas cuotas a diferentes afiliados al P.P. desde una cuenta de mi amigo "M...lin". posiblemente generado una cuenta a su nombre y sin que él se hubiese dado cuenta.
Estoy seguro que la inmensa mayoría de las personas, habrían sentido la misma indignación que yo sentí al enterarme de ello.
Lo primero que hice, de forma casi inmediata, fue llamarle por teléfono para quedar con él y preguntarle, primero, si él había abierto esa cuenta, a lo que me contestó que no.
También le pregunté si había ingresado dinero en alguna cuenta del banco de Santander, y me volvió a decir que no.
Le volví a preguntar si alguien podría haber realizado el ingreso en su nombre a lo que me respondió "pues no lo se".
También le pregunté si alguien le había pedido autorización para meter en su nombre dinero en la cuenta, a lo que me dijo de forma clara y taxativa que no.
Por ello, en principio y en base a lo que "M..lin". me había dicho, pensé que quien había suplantado su identidad para generar una cuenta bancaria, se escondía en el anonimato.
En mi anhelo protector, como había hecho en ocasiones anteriores, consideré que lo más adecuado era acudir a la guardia civil y denunciar el hecho. Algo que hice acompañado por él.
Allí presenté la denuncia describiendo los hechos tal y como él me había relatado y en base a las preguntas y la información que él me había dado.
Con posterioridad me enteré por la prensa, no tengo otra constación que "M...lin" había acudido al día siguiente a "denunciarme por coacciones".
No salí de mi asombro, pero inmediatamente pensé que quien le pudiera haber utilizado a "M...lin" para abrir una cuenta a su nombre y meter en ella casi nueve mil euros para pagar las cuotas de afiliados al P.P., en el momento que se enteró de que la fechoría había sido denunciada, maquinó la forma de dañar a la persona que había descubierto la trama, que no era otra que yo.
La denuncia de "M...lin" no me llevó a pensar mal de él, ni a sentir ningún tipo de animadervsión hacia él, porque fui consciente en todo momento que el canalla o canallas (por utilizar un término suave) que le había utilizado para abrir una cuenta a su nombre y realizar los pagos antes mencionados, no tendría ningún pudor en volverle a utilizar para ponerle en mi contra.
Evidentemente, quien le había utilizado, seguramente estaría vinculado a la POLITICA, ya que era más que evidente que se había abierto una cuenta a su nombre con el único fin de realizar el pago de las cuotas de afiliación al P.P.; por lo que sentí una gran nausea, pero, también una profunda tristeza, pensando qué tipo de personas podrían estar vinculadas al P.P. , cuando eran capaces de llegar a estos extremos.
Cuando uno pone una denuncia, con su nombre y apellidos, dando la cara, es lógico prever y pensar que los maleantes o los delincuentes denunciados, reaccionen y se revuelvan contra quien les ha puesto en evidencia y ha sacado a la luz sus malévolas acciones.
Aquí, en este caso, esos indeseables han dado un paso más, volviendo a utilizar a "M..lin" ya no sólo, para sus exclusivos fines políticos, sino, también, para intentar provocarme a mi el máximo daño, difamándome y dando de mi una imagen totalmente deformada y distorsionada de mala persona.
Su intención ha sido darle la vuelta, que en lugar de que aparezcan ellos como delincuentes, que sea yo quien me lleve esa parte. Pero que piensen que el fiscal y el Juez a quien corresponda investigar esta denuncia, al tener "M..lin" una ligera discapacidad, con toda seguridad, investigarán a fondo el asunto, llegando hasta las últimas consecuencias.
Posiblemente en las diligencias indagatorias intentarán conocér
1º.-) Por qué razón abrió la cuenta.
2º.-) De dónde salió el dinero que metió en ella.
3º.-) Cómo consiguió el listado para realizar los pagos a los casi quinientos afiliados al P.P.
4º-) Cómo realizó los casi quinientos pagos, o quién los realizó en su nombre.
5º-) Qué motivo le llevó a ser tan "altruista" que desembolsó casi nueve mil euros paga pagar las cuotas de unas persona que en su inmensa mayoría ni siquiera tenía idea de que existieran.
6º.-) ¿Qué le ha llevado a presentarse como compromisario para defender la candidatura de María José Saenz de Buruaga?
Estas y otras preguntas podría hacerle el fiscal o juez que instruyan la denuncia. Y nadie dude que ni al fiscal o juez se le puede engañar tan fácilmente.
Estos CANALLAS reaccionan mal, muy mal. Intentan devolver el golpe recibido, como sea, pero lo hacen de forma equivocada. Les duele verse descubiertos y buscan obtener venganza mediante la devolución del daño que han sufrido.
Estos sinverguenzas, no sólo tuvieron la desfachatez de convencer a M.L. para utilizar su personalidad y abrir una cuenta, sino que cuando se vieron descubiertos, le dirigieron a la Guardia Civil para pusiera una denuncia por coacciones contra mi. Pero yo pregunto, ¿Qué tipo de coacciones se han podido ejercitar cuando quien puse la denuncia fui yo ?
Acaso estos elementos no se habían enterado que quien puso la denuncia no era M.L. sino Ramón Arenas.
M. L. sencillamente me acompañó y realizó una declaración como perjudicado, el no denunció nada. Es más me preguntó en qué consistía una denuncia y le dije que "era una acción consistente en poner en conocimiento unos hechos" El me dijo "ah, vale, vale, eso está bien".
Por ello, esos canallas no han podido coaccionarle para que quitara la denuncia, como ha dicho la Sra. Buruaga, pues la denuncia no fue puesta por él y nadie puede inducirle a que la quite.
Y que tenga claro la Sra. Buruaga que a mi nadie me va a coaccionar ni a condicionar para que quite la denuncia.
(Por cierto, aquí hago un paréntesis para aclarar a la Sra. Buruaga que yo no estoy expulsado del P.P. como ella ha afirmado y de lo que debiera retractarse).
La denuncia fue puesta con total y absoluta libertad y con total conocimiento de lo que hacía. Su finalidad última era proteger a M.L. y que se investigue "hasta las últimas consecuencias" quienes están detrás.
Y que nadie se engañe, el hecho de que M.L. haya acudido a la guardia civil y me haya denunciado por coacción, (como ha publicado algún medio de prensa, ya que desconozco el fondo de verdad de esa noticia) no me impide tenerle el mismo cariño que siempre le he tenido.
Estos canallas, con nombres y apellidos, además de tenerme una especial inquina, posiblemente deberán presentarse en las dependencias policiales o judiciales y dar muchas explicaciones.
Seguramente jamás me perdonarán que yo sea la persona que descubriera, a través de la denuncia presentada, toda la trama infame y canallesca que hay detrás de esa cuenta.
Solo espero que la fiscalía investigue en profundidad y llegue hasta las últimas consecuencias. Y si estos canallas han cometido algún delito, espero que caiga sobre ellos todo el peso de la ley.
CARTA PUBLICADA HOY EN FACEBOOK POR Ramon Arenas San Martin
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