SAINT-JEAN-DE-LUZ Sí PUDO…

Reflexiones de un Arquitecto sobre el derribo del Hotel Miramar de Castro Urdiales


16 de Octubre de 2017 - 17:50
Esto es un artículo de opinión
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Este pasado verano pude conocer con cierta profundidad la villa de Saint-JEAN-de-LUZ, un lugar digno de ser visitado por muchas y muy diversas razones que se encargó de descubrirme Pierre (padre de Clémence, y ello vale ya como referencia) como excelente embajador de su entorno local y como gran enamorado de un territorio, de unas formas de construir y de una arquitectura sobre la que, con su entusiasmo, supo transmitirme una pasión verdaderamente ejemplar y muy docta para alguien ajeno al mundo profesional de la arquitectura.

 

Entre todo lo que pude conocer gracias a él y a su entrega como anfitrión, me sorprendió la presencia y la potencia de un gran edificio blanco en mitad del frente marítimo de Saint-JEAN-de-LUZ, asomado literalmente sobre su playa, y que me descubrió como obra de Robert Mallet-Stevens, un arquitecto francés de principios del siglo XX del que ya conocía varios jardines y viviendas en París, en una calle que lleva su mismo nombre, pero del que desconocía la existencia de una obra tan próxima a España. El edificio, La PERGOLA, fue inaugurado en 1928 como casino, hotel y otros usos anejos, como una gran galería comercial en la planta baja, que es la que se vuelca sobre la playa. Posteriormente, en los años 50 del siglo pasado, André Pavlovsky (también arquitecto y parisino, como Mallet-Stevens) propuso una elevación de varias plantas para incluir un programa residencial de apartamentos que desfiguró un tanto su imagen náutica inicial, aunque aún permanece su aire racionalista, marítimo y depurado del paquebote arquitectónico del que ya Le Corbusier tanto había hablado en su libro Vers une architecture [Hacia una arquitectura], de 1923.

 

Pues bien, este edificio sigue siendo mostrado con orgullo por todos aquellos que, como Pierre, aprecian su patrimonio arquitectónico y la Historia misma de un lugar balneario como fue (y lo sigue siendo) Saint-JEAN-de-LUZ, ciudad, por cierto, donde también se enorgullecen de haber acogido las nupcias del joven Louis XIV (sí, el Rey Sol) con una infanta de España, María Teresa de Austria, un 9 de junio de 1660, en la iglesia de San Juan Bautista (también digna de visitarse por la singularidad de sus balcones-corredor en las paredes laterales de la nave).

 

Pero, sin ahondar más en anécdotas históricas y entrando ya a fondo en la cuestión, la pregunta es: ¿por qué Saint-JEAN-de-LUZ sí puede y CASTRO URDIALES no? A Francia no le falta, como a España, una legislación urbanística con incidencia notable en los temas relacionados con la protección del litoral (su code de l’urbanisme), pero lo cierto es que en CASTRO URDIALES hay un hotel-balneario que está abocado aparentemente a un final en que la piqueta y las palas serán quienes dominen la el último acto en la escena mientras que en la escena “luzienne”, sin embargo, el hotel-casino de MALLET-STEVENS seguirá siendo uno de los actores principales, referente e imagen de un frente playero cuyo disfrute cuando se pasea por él repleto de gente tan sólo es superado por su contemplación tranquila durante una carrera por la playa vacía a una hora temprana, como tuve ocasión de comprobar.

 

¿Tan insalvable es la distancia entre la educación y la legislación en España y Francia para que ejemplos tan similares de edificios hoteleros en frentes playeros (salvando la excelencia que en lo arquitectónico aporta la firma original de Mallet-Stevens) tengan finales tan diferentes? ¿Qué necesita el hotel MIRAMAR para mantenerse como referente patrimonial en la playa de CASTRO URDIALES ante los embates no ya de la mar sino de la legislación de costas? ¿Es este tipo de edificio histórico con valores arquitectónicos que ya han sido destacados en otros escritos realizados con ese propósito expreso por el propio Colegio Oficial de Arquitectos de Cantabria para su defensa, y con valores culturales ya apropiados e interiorizados por el pueblo castreño, el objetivo de las actuaciones de demolición y de protección del litoral que pretende la Ley de Costas española? ¿Debería serlo?

 

Sin duda que son preguntas que deberían replantearse cuando la aplicación insensible de una ley como la de costas reclama llevar adelante acciones imposibles de restituir (como es cualquier demolición) en edificios sobre los que cabe la duda más que razonable de su valor patrimonial dentro de un municipio a partir de su tradición histórica y, por supuesto, de sus valores arquitectónicos.

 

La PERGOLA de Saint-JEAN-de-LUZ sí pudo… ¿podrá el MIRAMAR de CASTRO URDIALES?

 

A.B.C.

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